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Mi momento más temido: la guardería

latortumochila

La tortumochila para la guardería

Ya os adelantaba al final del último post que habían admitido a Martín en la guardería y, si nada lo impedía, debería empezar esta semana. Bien, pues algo lo ha impedido. Yo.

Me había hecho a la idea de que no iría hasta primeros de abril, con su añito recién cumplido, trotando y siendo capaz de cambiarse el pañal con una sola mano. Pero resulta que ha quedado una plaza libre y la cogemos ahora o nos quedamos sin ella. Así que, con todo el dolor de mi corazón, decidimos adelantar un mes la incorporación al nuevo mundo.

Pero seamos sinceros: a mí me parecía muy precipitado todo. Es como si se me fuera a la mili, y yo necesito tiempo para prepararle su petatín: que si hay que marcarle la ropa, que si los chupetes deben llevar su nombre, que si tiene pocos chandals y he de ir a comprar más… entre nosotr@s: excusas baratas para retrasar el momento lo máximo posible.

Así que el otro día fuimos a ultimar detalles a la guardería con la directora. Fue un momento realmente vergonzoso que duró 30 minutos, tiempo suficiente para que yo casi rompiera a llorar en tres ocasiones:

Ocasión número 1: al preguntar si le cambiaban el pañal nada más hacerse caca “porque a mi niño hay veces que no le huele y a lo mejor no se dan cuenta”. No sabría decir qué significaba la mirada de la directora, pero la de mi amorcito estaba clara: vergüenza.

Ocasión número 2: “mi niño no come sólidos, no le daréis sólidos? que se me va a ahogaaaaaaaaaar!”. La noté con ganas de decirme: “sí hija, y se lo metemos pa’dentro como si estuviéramos cebando a un pavo”.

– Ocasión número 3: “mi niño todavía duerme una siesta por la mañana y otra por la tarde y no sabe beber agua solo. Estarán pendientes de ello, verdad? Si tiene sueño le acuestan, no?”. Aquí ya la buena mujer simplemente se echó a reír.

A punto estuve de salir corriendo, subir a la oficina (la guardería está en mi trabajo) y decirle a mi jefe que me despedía para dedicar mi vida entera a cuidar de mi retoño. Pero nos dimos un tour para ver su clase (‘Los Conejitos’, que me encanta) y me llevé una alegría al ver a los que van a ser sus compañeritos, recién levantados de la siesta y jugando contentos alrededor de la profesora. Ni una lágrima, ni una cara larga….

Bueno, igual no era todo tan idílico y mi mente quiere autoconvencerse de que Martín va a estar bien allí abandonado entre extraños después de haber vivido como si fuera Nerón sobre su diván con los abuelos. Mi único consuelo es que es más bruto que un bocadillo de cemento y confío en que sepa defenderse ante cualquier adversidad que se le presente.

¿Y vosotr@s? ¿Tenéis buenas experiencias con las guarderías? Si son malas, no las contéis aquí! ;-P

 

 

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Cantajuegos y Baby Einstein: hipnotizadores de bebés

lanaranjamecanica-f1¿Qué tienen los Cantajuegos y Baby Einstein que me dejan al niño como a Alex de La Naranja Mecánica después del tratamiento Ludovico? No tengo ni idea, pero son droga pura. Y dura.

La primera vez que vi Baby Einstein pensé “pero qué es estoooooooooo?”. Imágenes inconexas de pajarillos, animales, molinillos de viento y niños sonriendo, todo mezclado y aderezado con música clásica. Flipé y pensé que el niño iba a apuntar esto en su lista imaginaria de cosas por las que me va a meter al asilo, pero como todos los padres que nos lo recomendaban hablaban de sus virtudes, no seré yo la que se desmarque de lo que hace la masa.

Y cuando él lo vió, flipé de nuevo. Es empezar y ya puede estar arrancándole la cabeza a Epi o matando a golpes la tarima flotante, que se queda quieto parao y no despega la vista de la tele hasta que acaba. Tanto que me da hasta mal rollo, y eso que la ve cuatro veces al mes. Pero, tachadme de la mala madre, hay días en los que vuelves agotada y dices “10 minutos de ‘Baby Einstein’ nos van a venir muy bien a los dos para relajarnos…?”. Aunque confieso también que desde que me he enterado que Disney reconoció que de educativo no tiene nada y es más bien un hipnotizador de niños intento no ponérselo… (mucho).

cantajuego_madridEn cuanto a los Cantajuegos, eso es harina de otro costal. El nivel de excitación que le entra al verlos solo es comparable al que alcanza su padre cuando ve a la morenita de las coletas. Grita, gruñe, salta y a veces hasta me intenta morder la cara (el niño, no el padre). En dos palabras: le encanta. Sobre todo si su madre (yo) lo da todo cantando desaforada ‘El señor Don Gato’ como si estuviera en un concierto de Madonna o bailándole ‘Soy una taza’. ¿Qué tienen? ¿Son los estilismos que llevan, nada apropiados para personas de treintaytantos años, y la voz de niño pequeño que ponen (y que me da mucho repelús)? ¿O es porque todas las canciones van acompañadas de una coreografía diferente, obligándonos a los padres a aprendernos todas y cada una de ellas para entretener a nuestros retoños? Esto me frustra mucho, porque yo me he inventado mis propias coreografías para otras canciones (normalmente también inventadas por mí) y Martín me mira con cara de “Eres una impostora. Y lo sabes”.

No sé que será, pero confieso que yo estoy deseando llevarle a algún concierto a ver cómo reacciona cuando los vea en directo. Y estoy segura de que papá también quiere… aunque por otros oscuros motivos…

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¡Ocho meses!

martin

8 meses hace ya que Martín llegó. ¡Qué fuerteeeeeeeeeeeeee! Recuerdo que empecé mi blog de embarazada (que es algo que está muy de moda, soltar tus rollos de preñada) cuando estaba solo de 8 semanas. Quién me lo iba a decir, entonces ni siquiera se me notaba y ahora tengo un aberroncho de 8 meses que campa a sus anchas por donde pasa. O mejor dicho, por donde le llevamos, porque el pobre lo que viene siendo autonomía no es que tenga mucha todavía. Como diría Jesulín, dos palabras… ¡IM-PREZIONANTE!

Vino a este mundo el 20 de marzo, el mismo día que mi amigo Juanjo, algo que me inquieta profundamente, porque es un tío muy raro y vete tú a saber si eso tiene algo que ver con la fecha. Debo decir que me lo puso muy fácil para salir, teniendo en cuenta que soy la persona con más miedo al parto que he conocido jamás. Pero que nadie confunda el “me lo puso fácil” con “no me dolió”. Dolió. Y dolió mucho hasta que llegó la epidural, que para eso era un parto y no un paseo por las nubes.

Así que, tras unos meses de adaptación, algunos problemas con la lactancia (dar el pecho también duele al principio, por si no os lo han dicho. De nada. A mí nadie me lo dijo. Gracias), un idilio total entre madre e hijo (más de la madre que del hijo; a veces creo que no le termino de caer bien) y algunas cosas más que os iré contando, creo que ha llegado el momento de dar la cara y presentar a mi mondongo. Y, por qué no, presentarme yo también. Así que… tachán tachán… los de las fotos de arriba somos nosotros. Él, con algunos kilos menos que ahora, y yo, con algunos más (aunque el retorno a la oficina está sirviendo para empezar a atisbar aquella persona que un día fui). Ahí Martín tenía solo 4 meses, pero me encanta que sea la que ilustre el blog porque aparece tal y como es: gordo, repanchingado y feliz. Y yo… pues lo mismo: gorda, repanchingada y feliz.

Así que… we’re back! Y esta vez él ya es una persona completa, que aunque aún no tenga voz, probablemente su voto sea el más decisivo a la hora de sacar adelante este blog. Hasta la semana que viene!

PD: Incluyo también un dibujo de Martín que le hizo su prima cuando nació, para que veáis la artista que tenemos en la familia. Lo clavó la tía… especialmente en el color de ojos… que más marrones no los puede tener…

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