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Uno+uno= ¡cuatro!

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Eco de 5 semanas, la primera vez que vimos a este garbancito

Así es, después de tres largos meses  puedo anunciar a bombo y platillo y sin temor a equivocarme que… ¡nuestra pequeña familia crece!

Para finales de octubre se espera el gran acontecimiento, así que estoy embarazada de 13 semanas (aunque en todas las ecos me sale que en realidad es de una más) y, de momento, todo va bien, aunque no ha sido fácil llegar hasta aquí y por fin puedo contarlo.

Tan solo adelantaros que es un bebé muy deseado, a pesar de que al principio de la búsqueda yo tenía serias dudas, relacionadas con que después de 3 años no sabía si estaba preparada para volver a lo más duro (noches sin dormir, cólicos, dependencia total y absoluta de un bebé), teniendo otro niño que atender y sabiendo que mi maridito es como es en lo que a ayudar se refiere (para qué nos vamos a engañar). Pero el pensar que Martín se podía perder la experiencia de tener un herman@, fue lo que me acabó de convencer.

Aunque si soy sincera, también han tenido que ver mis propias ganas de volver a sentir la ternura de un bebé esponjosito y recién nacido entre mis brazos, de volver a vivir esas primeras veces de la vida de una personita. Que, por supuesto, ya las vivo todos los días con Martín, pero me refiero a esos momentos tan básicos y mágicos como la primera vez que salen a la calle, la primera vez que se bañan o la primera vez que les das zumo de naranja. Y también quería sentir de nuevo la sensación de volver a estar embarazada. Aunque si llego a saber cómo iba a ser este segundo round… ¡me lo hubiera pensado!

En el anterior, tenía conciencia de que venía un bebé porque no me venía la regla y lo veía las ecos, pero por lo demás, hasta el 5º mes que me empezó a salir tripa, parecía que no estaba embarazada. Ni un vómito, ni el típico sueño del primer trimestre, ni ascos ni nada de nada. Como una rosa. Pero esta vez… ayyy esta vez… Nauseas mañana, tarde y noche. Cansancio extremo y absoluto a todas horas. Hinchazón perpetúa de ciertas partes de mi cuerpo que han impedido casi desde las primeras semanas que pudiera vestirme con normalidad (aunque ahora la cosa ha remitido un poco), gases en los que no voy a entrar en detalle…. etc, etc.

Pero en resumidas cuentas, estoy feliz. Muy feliz de que lo hayamos logrado (os contaré el proceso en el siguiente post) y muy feliz de saber que Martín no va a a estar solo, aunque estoy aterrorizada ante la perspectiva de que pueda pasarlo mal o se sienta desplazado. ¡Seguiremos informando!

 

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‘A ver’, ‘quita’ y otras palabras imprescindibles

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Viendo a los ‘cuas’

Rebasados ya los 22 meses de vida de mi ‘bebé’ (término que, muy a mi pesar, tendré que dejar de usar dentro de poco para referirme a Martín), nos adentramos en el apasionante mundo de sus primeras palabras. O, en nuestro caso, primeros gritos.

Porque este niño no habla. Chilla. Cual verdulero en día de mercado con el puesto a rebosar. “Mamaaaaaaaaaaaaá, autobuuuuuuuuuuuuuuuú”, “papaaaaaaaaaä, goooooooooooool”. Cualquier cosa que quiere decirte, es a gritos. Excepto cuando ha hecho algo mal. Ayyy, tunante. Si hay trastada de por medio, bien que pone tonito meloso y habla como una persona normal.

El caso es que su vocabulario aumenta a pasos agitantados y yo me muero de la risa, sobre todo porque algunas son palabras cotidianas que, en su boca, quedan de viejo reviejo. Por ejemplo, le encanta decir “a ver”. Para todo. Le pongo la cena, asoma la naricilla al plato y suelta “a veeeer”  tan convencido, que yo entro en pánico pensando que estoy ante el mismísimo jurado de Masterchef y me van a expulsar de mi cocina.

También le encanta decir “quita”. Y aquí, mal vamos, porque normalmente va acompañado de un empujón o manotazo para que, efectivamente, desaparezcas de su camino. Todo cariño. Y algo que me sorprende mucho es que diga “calefactor”; que yo lo pienso y para mí esa palabra a su edad sería como decir ahora a toda pastilla “supercalifragilísticoespialidoso”, que hasta escribirla me cuesta.

Luego entramos en la categoría de palabras que-digo-como-me-da-la-gana. Un, dos, tres… responda otra vez: “ambulancia”, que en martiniano se dice “auaaaaaaaaauaaaaaauaa“, y que es aplicable a cualquier cosa que lleve una luz o sirena, ya sea grua, coche de bomberos o helicóptero. Otros ejemplos son “cuaaaaaaaaa”, sin importar si es un pato, un pájaro o una gallina, “guagua” para cualquier animal que tenga cuatro patas, y “tortuga”, válido también para referirse al caracol, la rana y, aquí amigos alucino, la tortilla. Ah, y “chuchua”, que sirve para cualquier canción o vídeo de dibujos que sale en Youtube.

Cada día es más sorprendente que el anterior y deseando estoy que empiece a hacer frases con más coherencia. ¿Y los vuestros? ¿Cómo fueron sus primeras palabras?

 

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