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La playa: de pardillos a profesionales

tiburonLa semana pasada hubo puente en Madrid, así que aprovechamos para poner rumbo a la playa. Y hoy os vengo a contar cómo en tan solo 24 horas pasamos de ser unos novatos padres playeros a convertirnos en unos profesionales del veraneo infantil junto al mar. Aquí os cuento qué llevar y qué dejar en casa para pasar una nunca tranquila jornada playera.

– La sillita: El primer día la bajamos. ¿Para qué? Para nada, porque el niño estuvo sentado en ella la friolera de 5 minutos y hubo que cogerla a hombros para meterla y sacarla porque las ruedas no rodaban por la arena. El segundo día quedó condenada al ostracismo en casa de los abuelos.

– Sombrilla: El primer día nos la dejamos. ¡Nain nain nain!  Sombrilla + niño: (probable) siesta feliz. Al día siguiente ella misma nos pedía a gritos que la lleváramos.

– Bañador: Sé lo que opina mucha gente de tener a los niños desnudos en la playa porque hasta hace dos días yo pensaba igual. Pero, ¿para qué leches quiere un niño de 15 meses un bañador encima del pañal? Es más, ¿para qué quiere un pañal en la playa? El primer día le pusimos una braga pañal acuática y encima el bañador. Daba penita verlo. Así que todo fuera y en la siguiente jornada estuvo en pelota picada de principio a fin. Miento: llevaba el gorro.

– Factor sobrina de 10 años: Un gran activo a tener en cuenta. Nos la llevamos el segundo día y gracias a ella hasta pude tomar el sol un rato.

– Aperitivo: Fundamental que tengáis algo de picar si no queréis subiros a los 10 minutos de llegar porque al crío le toca comer. Le llevamos los dos días, pero el segundo nos habíamos perfeccionado y teníamos un amplio menú a elegir entre dulce, salado y postre.

– Cubo, pala y rastrillo: Compramos el kit en un chiringuito de urgencia porque, como buenos pardillos, íbamos sin él. Lo mejor: llenarle el cubo de agua y llevarlo a la toalla para engañarle cuando tienes que sacarle del agua.

– Otros amigos con hijos: El primer día fuímos solos. El segundo acompañados. Y no hay color. No veas si se agradece estar con otros adultos.

– Muchos muchos muchos baños en el mar: Llegamos con el niño acatarrado y como buena madre pardilla solo me atrevía a meterle los pie en las frías aguas del Cantábrico. Hasta que una amiga de mi madre me dijo “pero hijaaaa métele bien que se le quitan todos los males”. Dicho y hecho. Solo nos faltó hacerle aguadillas. ¡Está como nuevo!

Nos queda todo un verano junto al mar. Seguiremos informando!

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