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Llegó el momento de buscar cole

Preparándose psicológicamente para el próximo año

Preparándose psicológicamente para el próximo año

En esas nos hayamos hoy por hoy: en busca del cole ‘perfecto’ para Martín. Que digo yo, ¿no podríamos dejarlo en la guardería hasta que le saliese barba? Primero porque a mí me viene fenomenal tenerlo en mi trabajo. Y segundo porque esta sensación de “seré yo? seré yo?” en el reparto de plazas no me deja ni dormir.

Pero, ¿dónde van estos niños con 3 añines al cole, eh? Porque, si mal no recuerdo, en mi época se empezaba con 4. ¡Si no les llegan ni los bracitos al culete! ¿Por qué no se pueden quedar un poquito más solo con 14 niños en el confort de la guardería, donde dejan a los papis llevarles hasta la puerta de clase (y, a veces incluso, más) y se les lanza ya a esa jauría humana llamada colegio? Recuerdo que pasé las mismas angustias cuando iba a empezar la guardería, pero entonces no tenía sobre mí el yugo de la escasez de plazas y no sabía que hay tortas para entrar en un colegio que merezca la pena. Las guarderías te pueden gustar más o menos, pero en realidad es muy fácil meterle en la que te interese o en otra similar.

Pero ahora es harina de otro costal. Conseguir que entre en un colegio público o concertado bueno sin tener hermanos en el centro, ni una discapacidad, ni haberle llevado a la guardería de al lado, ni mil y una historias más, es prácticamente misión imposible. Nosotros tenemos lo mínimo que se puede tener: los puntos por cercanía. Y a correr. Así que así vivimos (vivo): angustiada ante la perspectiva de que no lo admitan en ningún colegio de los que nos gustan, tardando dos horas en dormirme pensando los pros y los contras de pedir plaza en este o en aquel.

A mí me encantaría llevarle a un colegio privado (que no creo que lo haga, porque el tema económico a largo plazo es otra historia), por una razón fundamentalmente. Y es que, aunque soy partidaria de la educación pública (que quede claro), no la veo adecuada para niños de 3 y 4 años. A partir de esa edad, perfecto. Pero,  desde mi punto de vista (repito: desde mi punto de vista, escasa experiencia y humilde opinión) en un colegio privado o concertado están más pendientes de los chiquitines que en uno público. Pero también es verdad que no puedo decir esto con verdadero conocimiento de causa, porque no tengo ningún hijo en el cole y me baso simplemente en los que he visitado en el último mes, tanto públicos como privados, y lo que me han prometido en unos y otros.

Así que, a falta de un mes para que se abra el plazo, yo estoy ya que me tiro de los pelos. No sabemos aún donde irá, porque además mi marido opina de una manera y yo de otra. Y mientras, Martín está feliz solo de pensar que va a ir al cole de mayores y jugando con la grúa en el parque a que lo está construyendo. ¿Cuál será el desenlace? Ayyyyy

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El angelito se transforma

¿No os pasa que hay días que tenéis una conexión brutal con vuestro bebé, que todo son sonrisas, alegrías, largas siestas, cacas lustrosas, gracietas y mucho “mamá, muuuuuuuuuuua”? Te sientes la mejor madre del mundo, todas las piezas encajan, la vida tiene más sentido que nunca y tú te ves hasta más guapa y delgada.

Miedito

¿Y no os pasa también que otros días sucede todo lo contrario? El niño refunfuña A-TODAS-HORAS, hace el arco (y el orco) cuando lo metes al coche, se caga en los momentos más inoportunos, sientes que llevas el pelo sucio aunque lo hayas lavado esa mañana  y el espejo te devuelve una imagen que quisieras que no fuera la tuya.

Y yo me pregunto, ¿de qué depende que tu vida parezca tan diferente de un día para otro, si el pequeño Damien ha dormido las mismas horas que el día anterior, ha comido lo mismo y habéis hecho prácticamente las mismas actividades? Mi conclusión es la siguiente, aunque a priori pueda parecer una rubichorrada: se está convirtiendo en una persona de verdad. Me explico: siempre ha sido una persona, pero ahora tiene personalidad. Y va a la guardería, un plus a tener en cuenta en esto del espabile infántil.

Más miedito de madrugada

Más miedito de madrugada

Como todos nosotros, ya tiene sus días buenos y malos; a veces se levanta con el pie izquierdo o pletórico vaya usted a saber porqué. Saca el brazo por los barrotes de la cuna con su terrorífico chupete luminoso en la boca y te da en la pierna para decirte que ya ha dormido lo suficiente. Por la calle ya expresa con su dedito rechoncho y comestible hacia donde quiere ir y qué quiere ver. Y te dice sí o no con la cabeza cuando le ofreces agua. Esto, amig@s, es lo que más me flipa porque siento que ya tenemos conversaciones.

Deseando estoy de que empiece a hablar y me diga “mira mamá, que paso de comer ese pure; dame chocolate o un chupito de naranja”.  Y de que se confirme si esa mala leche que se atisba es producto de sus doloridas encías o realmente ha heredado EL GEN (en mayúsculas, porque es muy fuerte) a saber de quién… ;-P

 

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Mi momento más temido: la guardería

latortumochila

La tortumochila para la guardería

Ya os adelantaba al final del último post que habían admitido a Martín en la guardería y, si nada lo impedía, debería empezar esta semana. Bien, pues algo lo ha impedido. Yo.

Me había hecho a la idea de que no iría hasta primeros de abril, con su añito recién cumplido, trotando y siendo capaz de cambiarse el pañal con una sola mano. Pero resulta que ha quedado una plaza libre y la cogemos ahora o nos quedamos sin ella. Así que, con todo el dolor de mi corazón, decidimos adelantar un mes la incorporación al nuevo mundo.

Pero seamos sinceros: a mí me parecía muy precipitado todo. Es como si se me fuera a la mili, y yo necesito tiempo para prepararle su petatín: que si hay que marcarle la ropa, que si los chupetes deben llevar su nombre, que si tiene pocos chandals y he de ir a comprar más… entre nosotr@s: excusas baratas para retrasar el momento lo máximo posible.

Así que el otro día fuimos a ultimar detalles a la guardería con la directora. Fue un momento realmente vergonzoso que duró 30 minutos, tiempo suficiente para que yo casi rompiera a llorar en tres ocasiones:

Ocasión número 1: al preguntar si le cambiaban el pañal nada más hacerse caca “porque a mi niño hay veces que no le huele y a lo mejor no se dan cuenta”. No sabría decir qué significaba la mirada de la directora, pero la de mi amorcito estaba clara: vergüenza.

Ocasión número 2: “mi niño no come sólidos, no le daréis sólidos? que se me va a ahogaaaaaaaaaar!”. La noté con ganas de decirme: “sí hija, y se lo metemos pa’dentro como si estuviéramos cebando a un pavo”.

– Ocasión número 3: “mi niño todavía duerme una siesta por la mañana y otra por la tarde y no sabe beber agua solo. Estarán pendientes de ello, verdad? Si tiene sueño le acuestan, no?”. Aquí ya la buena mujer simplemente se echó a reír.

A punto estuve de salir corriendo, subir a la oficina (la guardería está en mi trabajo) y decirle a mi jefe que me despedía para dedicar mi vida entera a cuidar de mi retoño. Pero nos dimos un tour para ver su clase (‘Los Conejitos’, que me encanta) y me llevé una alegría al ver a los que van a ser sus compañeritos, recién levantados de la siesta y jugando contentos alrededor de la profesora. Ni una lágrima, ni una cara larga….

Bueno, igual no era todo tan idílico y mi mente quiere autoconvencerse de que Martín va a estar bien allí abandonado entre extraños después de haber vivido como si fuera Nerón sobre su diván con los abuelos. Mi único consuelo es que es más bruto que un bocadillo de cemento y confío en que sepa defenderse ante cualquier adversidad que se le presente.

¿Y vosotr@s? ¿Tenéis buenas experiencias con las guarderías? Si son malas, no las contéis aquí! ;-P

 

 

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