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Segundo embarazo: la búsqueda

IMG_1417¡Hola otra vez!

Gracias por la buena acogida que ha tenido este nuevo embarazo. Han pasado ya unas semanitas y puedo decir que todo ha vuelto a la normalidad: no tengo nauseas, duermo mejor y me siento ahora más ligera que hace un mes. Estoy ya de 17 semanas y la verdad es que no lo parece. Con Martín ya me pasó que tardó mucho en notarse y ahora, a pesar de que con el segundo embarazo dicen que va todo más rápido, llevamos el mismo camino.

Hoy me gustaría contaros lo que ha supuesto esta búsqueda de un hermanit@. Nosotros empezamos tranquilamente y, como ya os comenté, yo sin mucho convencimiento. No sabría decir cuánto tiempo llevábamos antes de hacerme pruebas, porque con el segundo pues como que no es igual que con el primero (que te tomas la temperatura, no perdonas un día fértil, dejas lo que sea que estés haciendo para ponerte a ello…), pero puede que fuera fácilmente un año.

Así que, aprovechando una revisión rutinaria, le comenté el tema al ginecólogo (el que me atendía desde que nació Martín) y me mandó unas pruebas para ver como estaba todo. Resultado: el día antes de Nochebuena fui a su consulta y me soltó a bocajarro que la cosa esta mala malísima; no solo tenía escasa reserva ovárica, sino que lo poco que me quedaba por ahí era de una calidad pésima y lo mejor que podía hacer era irme a reproducción asistida “aunque con tu edad y teniendo un hijo ya, no sé si te merecerá la pena. Porque además, con estos óvulos nada; vas a necesitar casi seguro una donante”.

Podéis imaginar la cara que se me quedó, las lágrimas que no pude reprimir allí mismo y la Navidad que pasé. No solo por la noticia, que era un palazo; sino la manera en que me lo dijo y la falta de empatía total y absoluta que me encontré en aquella consulta. Me vine abajo completamente, primero porque no pensaba que iba a tener problemas para quedarme embarazada y segundo porque la alternativa (donación de óvulos) en principio no entraba en mis planes.

Total, que pasamos las vacaciones de Navidad y, aunque no teníamos ganas de ponernos en tratamiento estimulando mis propios óvulos, tampoco estábamos cerrados a ello. Pero primero queríamos pedir una segunda opinión. Fui a otra ginecóloga que me dijo que los análisis que me habían hecho no eran nada concluyentes y me mandó un estudio más exhaustivo. Asimismo, pidió también un seminograma para mi marido, no fuera a ser problema suyo.

Y sacamos más conclusiones, ¡vaya si las sacamos! En primer lugar, mis análisis salieron aún peor que la primera vez. Parecía imposible, pero así fue. Esto iba a un ritmo vertiginoso y yo tenía la sensación que cada vez de que estornudaba se me desintegraba un óvulo. Y en segundo lugar, el seminograma nos dijo que él también estaba hecho un cuadro: solo un 3% de sus espermatozoides eran viables. Imaginad el panorama. Yo me vine abajo del todo y perdí cualquier esperanza. No me veía nada convencida para ponerme en tratamiento y lo que más me dolía era saber que Martín no iba a tener un hermano o hermana.

IMG_1414Volví a pedir cita a la ginecóloga para llevarle todos los resultados y que nos dijera qué pasos podríamos seguir. Me dieron para una semana después. Mientras tanto, a mí me tocaba la regla, pero como últimamente se me retrasaba y yo soy de las que se emparanoian enseguida, el día de la primera falta me hice una prueba. Así no me tiraba 4 ó 5 con falsas esperanzas. Os juro que era para descartar y poder seguir triste, pero tranquila. Simple y llanamente. Me levante, me la hice y me marché a desayunar tranquilamente. Pero cuando volví a los 10 minutos… ¡me llevé la sorpresa de mi vida! Me encontré la rayita tal y como os enseño en la foto, que parecía que sí, pero chica, siempre te imaginas que va a salir mucho más marcada. Yo no lo podía creer. Era I M P O S I B L E. Así que me fui a trabajar y de camino compré otra prueba de las que te lo dicen en palabras y semanas bien clarito. Me metí al baño de la oficina y allí mismo me la hice. ¡Esos minutos sí que se hicieron eternos! Hasta que apareció: Embarazada. 1-2 semanas.

Estábamos flipando. Y la que flipó también fue la ginecóloga, cuando vio los resultados de los análisis y, acto seguido, le dijimos que estaba embarazada. Nos confirmó que era “un claro ejemplo de que la ciencia no es infalible”. Para mí fue un milagro. Podía imaginarme a un espermatozoide superviviente y solitario encontrándose de frente con mi único óvulo decente y decirse el uno al otro “¡coño, tú por aquí! ¿Nos tomamos una copa?”.

Continuará…

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Uno+uno= ¡cuatro!

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Eco de 5 semanas, la primera vez que vimos a este garbancito

Así es, después de tres largos meses  puedo anunciar a bombo y platillo y sin temor a equivocarme que… ¡nuestra pequeña familia crece!

Para finales de octubre se espera el gran acontecimiento, así que estoy embarazada de 13 semanas (aunque en todas las ecos me sale que en realidad es de una más) y, de momento, todo va bien, aunque no ha sido fácil llegar hasta aquí y por fin puedo contarlo.

Tan solo adelantaros que es un bebé muy deseado, a pesar de que al principio de la búsqueda yo tenía serias dudas, relacionadas con que después de 3 años no sabía si estaba preparada para volver a lo más duro (noches sin dormir, cólicos, dependencia total y absoluta de un bebé), teniendo otro niño que atender y sabiendo que mi maridito es como es en lo que a ayudar se refiere (para qué nos vamos a engañar). Pero el pensar que Martín se podía perder la experiencia de tener un herman@, fue lo que me acabó de convencer.

Aunque si soy sincera, también han tenido que ver mis propias ganas de volver a sentir la ternura de un bebé esponjosito y recién nacido entre mis brazos, de volver a vivir esas primeras veces de la vida de una personita. Que, por supuesto, ya las vivo todos los días con Martín, pero me refiero a esos momentos tan básicos y mágicos como la primera vez que salen a la calle, la primera vez que se bañan o la primera vez que les das zumo de naranja. Y también quería sentir de nuevo la sensación de volver a estar embarazada. Aunque si llego a saber cómo iba a ser este segundo round… ¡me lo hubiera pensado!

En el anterior, tenía conciencia de que venía un bebé porque no me venía la regla y lo veía las ecos, pero por lo demás, hasta el 5º mes que me empezó a salir tripa, parecía que no estaba embarazada. Ni un vómito, ni el típico sueño del primer trimestre, ni ascos ni nada de nada. Como una rosa. Pero esta vez… ayyy esta vez… Nauseas mañana, tarde y noche. Cansancio extremo y absoluto a todas horas. Hinchazón perpetúa de ciertas partes de mi cuerpo que han impedido casi desde las primeras semanas que pudiera vestirme con normalidad (aunque ahora la cosa ha remitido un poco), gases en los que no voy a entrar en detalle…. etc, etc.

Pero en resumidas cuentas, estoy feliz. Muy feliz de que lo hayamos logrado (os contaré el proceso en el siguiente post) y muy feliz de saber que Martín no va a a estar solo, aunque estoy aterrorizada ante la perspectiva de que pueda pasarlo mal o se sienta desplazado. ¡Seguiremos informando!

 

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