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Nuestra boda

 

Siento este nuevo parón en el blog, pero prometo que será el último. La razón de mi ausencia: nos hemos ido de boda (la nuestra) y posterior luna de miel, niño included.

Y, ¿cómo es casarte cuando ya tienes un hijo? Pues imagino que muy diferente a hacerlo cuando no lo tienes, con todo lo que implica no sólo en los preparativos sino durante la boda en sí y la luna de miel.

Siempre he oído que las novias no-madres dedican su última semana de soltería a mimarse y relajarse, porque llevan tantos meses preparando el evento que los días previos tienen todo listo y solo les queda ponerse estupendas.

Pues bien, yo la mía a lo que la dediqué fue a ir corriendo de un lado para otro, eligiendo pendientes, flores, comprando una faja de urgencia a 24 horas de la boda, las corbatas de novio y padrino, cortándome el pelo, cortándole el pelo a mi hijo y cerrando mil y un detalles que no había podido hacer antes. Cuadrando sus siestas con mis pedicuras y manicuras y robándole horas a mi madre para que se hiciera cargo de él cuando yo tenía que hacer un recado urgente que me impidiera llevarlo.

No me di masajes de relajantes, ni dormí 8 horas seguidas el día D para levantarme con la piel tersa como un bebé. Antes de pasar por chapa y pintura, le di el biberón y le cambié el pañal, y antes de enfundarme el traje de novia, le vestí, le peiné y le perfumé.

Su padre corrió y corrió detrás suyo durante todo el día (mi movilidad era muy reducida gracias al vestido) y alternó con los invitados menos de lo que hubiera sido deseable para un novio. Volvimos de nuestra noche de bodas raúdos y veloces para relevar a los canguros y hacernos cargo de él. Y durante nuestra luna de miel hemos disfrutado de poco turismo y cero veladas románticas,  pero sí de mucho ‘parqueteo’, escalada a toboganes y piscinas infantiles.

Tal como lo he contado puede desencantar a l@s amantes de las bodas. Pero confieso que no cambio absolutamente nada de la mía. No consigo imaginar ese día sin Martín porque él fue su razón de ser. Él es la mayor prueba de amor entre nosotros que hubiéramos podido tener ese día. Bueno, ese día y todos. Por eso esta boda nuestra era suya también.

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